El silencio de los corderos universitarios; una brevísima novela ejemplar

Les quiero relatar un cuento breve y asombroso que podría llevar el título de aquel antiguo programa de televisión que proclamaba: ¡Esto es increíble! porque es la historia de los decanos de las facultades de Derecho que no defienden -por omisión- la separación de poderes ni la independencia del poder judicial que esta siendo atacada gravísimamente día tras día por la comandita -o, en términos penales clásicos, la cuadrilla- delictiva que nos gobierna.

Un querido compañero en la Universidad Pública en la que sobrevivo desde hace más de cuarenta años me ha referido un suceso que -por increíble al tiempo que indignante parezca- quiero compartir con los lectores de este blog suburbial, insignificante y cuasi-clandestino. Procedo:

LA VALENTÍA

El querido compañero (catedrático de Derecho Civil y doctor honoris causa por Universidades extranjeras) llevado por su bonhomía, su sentido de la honradez universitaria y una valentía impropia de su edad, público un artículo (brillante como es su costumbre) en el que afeaba el silencio corderil de las autoridades académicas de las facultades de derecho de toda España  ante los ataques groseros contra el principio de separación de poderes y la independencia judicial que están perpetrando a diario y con publicidad repugnante, lideresos y lideresas de partidos racistas, delincuenciales y asesinos proferidos, primero, con la aquiescencia silente del ejecutivo de Reino de España que se ha transformado desde hace unos días en apoyo entusiasta a resultas del chantaje de los racistas que, como todo chantaje, es infinito ontológicamente.

Hemos de añadir que el silencio de los corderos universitarios es tanto más clamoroso cuantas más asociaciones judiciales de todo signo, cuantos más colegios de abogados y cuantas más instancias jurídicas se han unido al clamor de resistencia a las tentativas diarias de la destrucción -por el método insidioso de la inflitración- de nuestro Estado de Derecho.

LA TRIBULACIÓN

Pues bien, parece que mi amigo se cruzó con el decano de su facultad que le afeó de forma vehemente la críticas haciéndole ver la facultad no estaba para inmiscuirse en cuestiones políticas como la referida o la zafiamente inconstitucional ley de amnistía.

Este suceso me tiene sumido en la siguiente duda existencial: ¿He estado todos estos años viviendo una realidad virtual de Estado de derecho? Y, lo que es peor, ¿he estado engañando a los miles de alumnos a quienes he dado clase cuando les he enseñado algo tan patentemente claro como que las leyes existen para ser cumplidas y los derechos humanos para ser protegidos por esas mismas leyes?  o que ¿las lesiones de esos derechos a la vida y la salud por actos terroristas no pueden ser graduadas en leves,  graves o mediopensionistas sino que han de ser juzgadas y sancionadas partiendo de la base elemental de que esa graduación es de una grosera zafiedad porque todas las lesiones de los derechos humanos son graves por sí misma esencia?

EL CONSUELO

Finalmente me he acostado y he dormido estupendamente porque tengo la conciencia tranquila ya que estoy convencido que lo que he enseñado lo que es justo y lógico, por evidentemente humano. Y modestamente me parece que mi amigo, además de ser un jurista extraordinario es una buena persona mientras que el decano vociferante es … una autoridad académica (¿?).

LA PESADILLA

Y en mis sueños he visto como, en determinados espacios de nuestra sociedad, la apatía esta transmutando en cobardía y esta se presenta con el disfraz falsario de la prudencia.

Y, entonces, me ha parecido soñar que esta mañana entraba en la facultad y, contemplaba, atónito, como la pantalla gigantesca que nos saluda a diario como en un remedo del Gran Hermano,  mostrando imágenes de las autoridades académicas en todo tipo de posturas -siempre en actos académicos, se entiende- aparecía la siguiente leyenda:

“La facultad, el rectorado y la conferencia de rectores suscriben la siguiente declaración solemne en defensa de la separación de poderes, de la independencia judicial y en contra de la ley de amnistía flagrantemente inconstiucional: ¡NO TE METAS EN LIOS DE LA POLÍTICA!”

Afortunadamente, cuando leí esta recomendación maternal clásica de la Dictablanda felizmente superada, caí en la cuenta de que se trataba de una pesadilla, me levante y me use a escribir esta brevísima novela ejemplar que someto a su atención y a su juicio, esperando que les ayude A reflexionar sobre la situación dramática que vivimos los juristas desde la sonrisa (cosa que es perfectamente compatible).