La credibilidad limitada de las agencias de rating: el rating -a nuestro entender, erróneo- del Reino de España por S&P

La prensa económica nos sorprendía, ayer, con la noticia de que S&P descartaba que la inestabilidad política rampante sea un riesgo relevante para el rating de España. Y decimos que nos sorprendía porque la noticia va derechamente en contra del sentido común. Es por ello por lo que queremos compartir con los lectores de este blog algunas reflexiones que confiamos que sean de su interés y pasamos a exponer.

La noticia

Según acabamos de señalar, la prensa económica nos sorprendía, ayer, con la noticia siguiente:

“S&P teme que la inestabilidad política en España frene las reformas y la reducción del déficit. La agencia de calificación reconoce que la situación constituye un foco de inquietud «como en Bélgica o Países Bajos», aunque descarta que sea un riesgo relevante para el rating de España. Subraya la estabilidad del sector financiero doméstico y augura que la banca española mejorarán sus beneficios en 2024. Defiende el rating de B+ con perspectiva estable de Grifols y desliza que los informes de terceros «tienen sus intereses»

La incongruencia de S&P

Como nos parece evidente que la valoración que hace S&P -siempre según la noticia periodística- va derechamente en contra de cualquier análisis político, jurídico y financiero de la situación actual y, en definitiva, del del sentido común, hemos buscado una explicación racional y nuestro examen nos ha revelado:

a) Que la apreciación de S&P es manifiestamente incongruente porque nos parece difícilmente compatible decir que la inestabilidad política en España frene las reformas y la reducción del déficit y al mismo tiempo descartar que sea un riesgo relevante para el rating de España.

b) Que la apreciación de S&P es inconsistente en sus referencias de comparación cuando dice que la inestabilidad política en España (…) constituye un foco de inquietud «como en Bélgica o Países Bajos»; porque cualquier observador de la situación política en dichos países reconocerá que, siendo inestable, nada tiene que ver con la que padecemos en el Reino de España.

c) Que la apreciación de S&P de defender el rating de B+ con perspectiva estable de Grifols y deslizar que los informes de terceros «tienen sus intereses» nos parece un tanto desorientada si tenemos en cuenta las noticias de esta última semana y -si se nos permite la expresión y con el máximo respeto hacia S&P- pueril por obvia porque todo inversor tiene sus intereses y decirlo es una falacia “ad hominen” que no desmiente la veracidad de las afirmaciones que, en su caso,  contenga el informe referido.

La fiabilidad limitada de las agencias de rating

Las reflexiones precedentes nos han invitado a acudir a algunos escritos de mi maestro para comprobar que:

a) En particular, los mensajes tranquilizadores para los inversores extranjeros y nacionales que se infieren de las apreciaciones de S&P resultan difícilmente compatibles con los hechos -que no opiniones- relatados por mi maestro en la entrada publicada ayer en su blog sobre las “Casualidades sorprendentes: La caída de la cotización de GRIFOLS y los incentivos fiscales estrafalarios”.

b) En general, los mensajes tranquilizadores de S&P abundan en la fiabilidad limitada de las agencias de rating que han nacido de los errores históricos clamorosos en sus calificaciones que se recogen en la monografia de mi maestro sobre “Las agencias de calificación crediticia. Agencias de Rating”, 1ª Edición, Editorial Thomson Aranzadi, Cizur Menor (2010), 292 pp. ISBN: 978-84-9903-420-1 que, en su Presentación (pag.23) deja constancia de lo siguiente:

“En primer lugar, decimos que las agencias de calificación crediticia han jugado un papel destacado desde los primeros años del presente siglo XXI porque sus calificaciones han estado presentes en los grandes escándalos financieros y el público inversor ha visto, atónito, cómo algunas grandes corporaciones multinacionales que operaban como emisores de valores entraban en concurso o quiebra o suspendían pagos mientras merecían, hasta fechas inmediatamente anteriores,  las máximas calificaciones crediticias que pronosticaban una insolvencia prácticamente imposible. En particular, la crisis financiera global iniciada en el verano de 2007 puso de manifiesto que aquellas agencias habían subestimado el riesgo de los productos financieros estructurados que condujeron, en gran medida, al desastre”.